
A través del aprendizaje de nuestra lengua materna, desde el balbuceo hasta la redacción, todos adquirimos cierta de fluidez lingüística que nos permite comunicarnos con nuestros semejantes.
El hecho de vivir en una sociedad mediada tecnológicamente, nos exige además un grado de fluidez informacional para poder desenvolvernos en ella, desde el accionar de un cajero automático, hasta la búsqueda de información en Internet.
¿Y qué es la fluidez informacional? “Es la familiaridad con las NTIC y la capacidad cognitiva para buscar, procesar y usar información”
Por ejemplo, los que crecimos en la era del libro y vimos Internet por primera vez a los 18, nos asombramos por la naturalidad con que nuestros hijos manejan un mouse, casi como si fuese una extensión de sus pequeñas manitos.
También nuestra paciencia se pone a prueba al ver eternas colas en los cajeros atascados por algún desprevenido intentando hacer una extracción o en las frustradas lecciones de chat a nuestros padres.
“Los individuos más jóvenes de la sociedad, en especial los habitantes de centros urbanos, tienden a desarrollar fluidez informacional de manera intuitiva, por la simple exposición a dispositivos electrónicos y software, así se trate tan solo de máquinas tragamonedas con juegos de video. En cambio, a las personas adultas que no han podido desarrollar fluidez informacional en sus hogares, les resulta cada vez más difícil aproximarse a la creciente fluidez de los jóvenes, con las previsibles consecuencias negativas en relaciones educativas, por ejemplo”
Mucho de esta fluidez está dada por el “contacto” diario con la PC en el hogar y en el ámbito escolar, brecha que se agranda a medida que se reducen los ingresos económicos de las familias y los presupuestos para las escuelas.
También pone a prueba nuestra solidaridad para con los mayores, en su esfuerzo por adaptarse a la tecnología que nos rodea.
Fuente Revista Chasqui – ed 93